UNA OBRA ASOMBROSAMENTE DELICADA



El temperamento creador de Kai-Mai Olbri se encaja en la vida artística de Estonia con bastante dificultad. Su lucha por el reconocimiento de su visión a menudo alcanza el heroísmo psicológico y financiero. Es poco probable que entre los estonios podamos encontrar una persona más lejana de la avaricia, un talento artístico más idealista. Precisamente el idealismo luchador de Kai-Mai Olbri es la causa principal, por qué varios pensadores versados no pueden tomarla en serio. Hay en ella en demasía de misión: más que en Jaan Elken, más que en Jaan Toomik y más que en los mencionados juntos, así que, a parecer de muchos, ello alcanza ya hasta los límites de decencia.


En cuanto a mí, siempre he tenido a distancia simpatía por tal devoción. He tenido posibilidad de ver como Kai-Mai Olbri, año tras año, encontraba para sus efigies imaginarias cada vez más exactas correspondencias en las letras, en los colores, en la musica, en la música y en el movimiento – los medios de expresión que siempre acompañan la inauguración de sus exposiciones. En la fusión de estos en un todo uniforme, Kai-Mai Olbri ha conseguido ahora un resultado notablemente íntegro con su película "El canto atado", que se demostró en su  última exposición en la Galería Municipal.

Quien quiso saber, qué diferencia hay entre el profesionalismo y el dilentatismo, comparó la obra de Kai-Mai Olbri en la Galería Municipal con el video película miserable de Kristin Kalamees y Allan Tõnissoo "Behave in cave" en la Galería de la Casa de Arte. Según dice Faust: Pues, la distancia es larguísima!

La película "El canto atado", que dura un cuarto de hora, puede considerarse cómo consistente en cuatro partes inseparables, pero, no obstante, distinguibles, en las cuales en turno presiden la pintura y la poesía, el baile, el canto y la instalación (los autores son: KAI-Mai Olbri, Lepo Sumera y Mai Murdmaa, los interpretadores: Andres Ots, Leili Tammel,Vladimir Arhangelski y Kai Mai Olbri).

La idea de la obra me aparece del modo más sutil en la segunda parte que se basa en la coreografía original de Mai Murdmaa sobre la música de Lepo Sumera. Su esencia, revelada con claridad por el baile de Vladimir Arhangelski, consiste en la salida del cuerpo del espacio de marco visible (donde en la estilística del traje y de las poses puede percibirse el "Fauno" de Bakst-Nizhinski) y en su entrada en el espacio de marcos invisibles. La más profunda impresión del "Canto atado" produce precisamente la complicada simultaneidad visual que tiene lugar en el segundo espacio, la tracería de alternación del fono y de la figura: las superficies geométricas en colores ora cubren al bailador, ora lo cortan en su transparencia, ora se levantan ante él como una pared, ora desaparecen concediendo vastedad para el movimiento.

Sobre esto se superpone el baile del cuerpo junto con las sombras y el movimiento entre los distintos ambientes luminosos. Así se transforma la obra en una lucha obstinada del hombre bailante con el espacio lleno de obstáculos invisibles para él, pero sensibles por el sexto sentido, en los esfuerzos para salir del espacio imaginario, pero superreal, que encadena y al mismo tiempo anima las aspiraciones de cada alma creativa. La más profunda impresión del "Canto atado" queda del "Oído absoluto".

Cuánto tuvo Kai-Mai Olbri de firme intención en el éxito de una estructura tan complicada, cuánto de sombría conjetura, cuánto de fortuna, no lo podemos medir, tampoco hay razón de discutir acerca de ello.

Recordemos a Jan Mukazhovski: sí el indicio general del texto es presencia del sentido, el indicio especial del texto artístico es posibilidad de imaginarle a él un sentido. Claro que lo último es problema de capacidad. Después del "Canto atado" considero Kai-Mai Olbri como artista con mayor respecto.

“Sirp”, 19-05-2000
LINNAR PRIIMÄGI