En cuanto a mí, siempre he tenido a distancia simpatía por
tal devoción. He tenido posibilidad de ver como Kai-Mai Olbri, año tras
año, encontraba para sus efigies imaginarias cada vez más exactas
correspondencias en las letras, en los colores, en la musica, en la música
y en el movimiento – los medios de expresión que siempre acompañan la
inauguración de sus exposiciones. En la fusión de estos en un todo
uniforme, Kai-Mai Olbri ha conseguido ahora un resultado notablemente
íntegro con su película "El canto atado", que se demostró en su
última
exposición en la Galería Municipal.Quien quiso saber, qué diferencia
hay entre el profesionalismo y el dilentatismo, comparó la obra de Kai-Mai
Olbri en la Galería Municipal con el video película miserable de Kristin
Kalamees y Allan Tõnissoo "Behave in cave" en la Galería de la Casa de
Arte. Según dice Faust: Pues, la distancia es larguísima!
La película "El canto atado", que dura un cuarto de hora, puede
considerarse cómo consistente en cuatro partes inseparables, pero, no
obstante, distinguibles, en las cuales en turno presiden la pintura y la
poesía, el baile, el canto y la instalación (los autores son: KAI-Mai
Olbri, Lepo Sumera y Mai Murdmaa, los interpretadores: Andres Ots, Leili
Tammel,Vladimir Arhangelski y Kai Mai Olbri).
La idea de la obra me aparece del modo más sutil en la segunda parte
que se basa en la coreografía original de Mai Murdmaa sobre la música de
Lepo Sumera. Su esencia, revelada con claridad por el baile de Vladimir
Arhangelski, consiste en la salida del cuerpo del espacio de marco visible
(donde en la estilística del traje y de las poses puede percibirse el "Fauno"
de Bakst-Nizhinski) y en su entrada en el espacio de marcos invisibles. La
más profunda impresión del "Canto atado" produce precisamente la
complicada simultaneidad visual que tiene lugar en el segundo espacio, la
tracería de alternación del fono y de la figura: las superficies
geométricas en colores ora cubren al bailador, ora lo cortan en su
transparencia, ora se levantan ante él como una pared, ora desaparecen
concediendo vastedad para el movimiento.
Sobre esto se superpone el baile del cuerpo junto con las sombras y el
movimiento entre los distintos ambientes luminosos. Así se transforma la
obra en una lucha obstinada del hombre bailante con el espacio lleno de
obstáculos invisibles para él, pero sensibles por el sexto sentido, en los
esfuerzos para salir del espacio imaginario, pero superreal, que encadena
y al mismo tiempo anima las aspiraciones de cada alma creativa. La más
profunda impresión del "Canto atado" queda del "Oído absoluto".
Cuánto tuvo Kai-Mai Olbri de firme intención en el éxito de una
estructura tan complicada, cuánto de sombría conjetura, cuánto de fortuna,
no lo podemos medir, tampoco hay razón de discutir acerca de ello.
Recordemos a Jan Mukazhovski: sí el indicio general del texto es
presencia del sentido, el indicio especial del texto artístico es
posibilidad de imaginarle a él un sentido. Claro que lo último es problema
de capacidad. Después del "Canto atado" considero Kai-Mai Olbri como
artista con mayor respecto.